Esa prenda, que hasta hace unos años era sólo uso patrimonial de hombres, al menos en nuestro país, y cuyo vocablo tuvo su origen en la revolución francesa, hoy, de rabiosa actualidad, es usado por mujeres de todas las edades y clases sociales.
Etimológicamente la palabra viene de Pantaleone, personaje veneciano de una comedia italiana del siglo XVII, un viejo avaro que vestía unos calzones largos y anchos. Pero la palabra no llegó al castellano desde Italia sino desde Francia.
A pesar de que hoy las mujeres usan esta prenda, casi con preferencia a las clásicas faldas, no fue así para nuestras abuelas, que no tenían demasiado buen concepto del pantalón. Lo consideraban masculino y, para ellas, esto era un hecho insalvable e indiscutible.
Pero el uso de tan práctico elemento del vestir y de la moda se remonta nada menos que a 2.600 años de antigüedad. Fue en el inicio del siglo XX cuando comenzaron las mujeres de nuestra cultura a usarlo. Coco Chanel rediseñó esta prenda dándole un toque femenino.
Los jeans, o vaqueros, invadieron el mercado allá por 1935, y se asentaron de forma definitiva en los armarios femeninos, aun cuando no en España. Aquí comenzó a usarse en los años cincuenta, y de forma restrictiva. O sea, que compraban pantalones las mujeres muy acomodadas o de clase alta, o las muy liberadas, que no les importaba en absoluto “el qué dirán” siempre temido de la sociedad timorata y sencilla.
Son innumerables las transformaciones que puede sufrir el pantalón según la moda y según el gusto o la figura que cada mujer posea. Falda pantalón, piratas, bermudas, Capri, campana, pitillo... con cremallera lateral, y con la abertura delante, como los hombres.
Las primeras mujeres que osaron utilizar pantalones no querían ni oír hablar de usarlo con “bragueta”. Ahí es nada, nuestras femeninísimas abuelas, además de “calzar” una prenda masculina por antonomasia, desabrochándose como los hombres. Intolerable. No podían, aquellas damiselas vestidas de sedas y encajes, encorsetadas hasta lo inimaginable, asimilar el hecho de usar una prenda concebida para el hombre.
Según ellas mismas recuerdan, cuando montaban en moto, ya por los años cincuenta, lo hacían sentadas de lado, y no usaban, casi nunca, casco de seguridad, lo cual convertía el hecho de ir de paquete en aquella “posturita”, extremadamente peligroso, para los dos, pero sobre todo para ellas.
El dichoso concepto de feminidad ha sido una de las trabas que ató a la mujer muy corto.
isiseq
Qué interesante conocer el origen de mi prenda favorita... no existe nada más cómodo y favorecedor!
Saludos!