Esta es una pequeña ficción inspirada en la vida real
Siempre creí que era para él un entretenimiento pasajero: esa chica extranjera que se siente sola y que es presa fácil para cualquier chico en tardes de domingo presididas por la soledad del extrañamiento y la lejanía que se adueña del ánimo de casi todos nosotros, seres llegados como de otra galaxia. Pero no me preocupé demasiado. Trabajaba muchas horas durante la semana. debía mandar dinero a Rumania para mantener a mis hijos y durante unas horas vivía mi libertad sin que me importase demasiado los prejuicios. No aspiraba a nada, sólo relajarme del rudo trabajo semanal, para volver a comenzar al día siguiente con las ideas claras y las fuerzas físicas dispuestas.
Vivimos juntos un tiempo y decidimos casarnos a pesar de la incertidumbre a la que me veía abocada.
En realidad a mí me importaba poco casarme. Era feliz con mi trabajo y con la relación que mantenía con aquel hombre que conocí de casualidad y que se enamoró de mí hasta el extremo de olvidar amigotes que a nada bueno le conducían. Juergas a diario, salidas en moto jugando a velocidad en las carreteras arriesgando la vida, y siempre con el alcohol como especial aliño, junto a drogas, que si bien en principio fueron blandas, imperceptiblemente fue pasando al coqueteo con otras mayores, para mí desconocidas, más peligrosas, y, que según me confesaba, las estaba dejando gracias a que mi compañía le interesaba más que nada en el mundo.
Mi nombre es Serena. Tengo un hijo de ocho años, Nicolás, y una niña de trece, Myriam, de un matrimonio anterior.
Me casé con Renato.
Su familia no me aceptaba. Sigue sin aceptarme.
Creían que me casaba con él por conseguir los papeles para trabajar en España.
Después de la boda vinieron mis hijos con nosotros y la vida se nos complicó mucho.
Los niños y Renato no congeniaban.
Renato no tenía trabajo. Era campesino, y casi siempre estaba enfermo. Su madre, a pesar de no aceptarme nos cedió un piso para que pudiésemos comenzar nuestra vida, pero murmuraba mucho entre las gentes del vecindario: Que si yo era una espabilada, que sólo quería a su hijo para legalizar mi situación, que no limpiaba en casa.
Algunas amigas le replicaban, para animarla, que no se preocupase, que al fin y al cabo yo estaba todo el día trabajando y por las noches estaba demasiado cansada para liarme con limpiezas depuradas en el hogar. Hubo alguna que le dijo __ Tu hijo, todo el día en casa, también puede hacer limpieza __ pero esta mujer no imaginaba a su hijo lavando platos o tendiendo ropa y les respondía a sus interlocutoras __ ¿Y el día que ella tiene libre? ¿Para qué lo quiere? __
Claro que yo no le podía hacer demasiado caso, estaba demasiado agotada. Le decía a todo que sí y hacía mi marcha, ¿Qué otra cosa podía hacer?
Era muy quisquillosa, mi suegra, digo era porque ha cambiado mucho. Ha dejado de intervenir en nuestra vida, lo cual es un alivio, y no pequeño, aunque problemas hay tantos que así como que muchos días ya no sé ni dónde estoy, de dónde vengo o adónde voy.
Yo también perdí mi trabajo a causa de una lesión en un pie que me impedía trabajar como camarera en un restaurante.
Todos los días estábamos enfadados, sobre todo por los niños.
Había momentos que pensaba en volver a mandar los niños a Rumania con mis padres, pero esto no me parecía coherente ni justo.
Debía ser yo misma quien resolviese mis problemas, y a mis hijos debía de cuidarles yo, que soy su madre. Mi ex marido ya se desentendió de ellos. Yo no quería ni debía fallarles, pero ellos, como adolescentes que eran, estaban siempre muy insatisfechos.
Ese hombre, el padre de mis hijos, que fue mi primer amor, ya se había casado hacía mucho tiempo con una mujer belga, y tenía dos hijos con ella, que a su vez ya aportaba dos niñas de un anterior matrimonio, lo cual explica, en parte, el porqué él no estaba disponible para cuidar de Nicolás y de Myriam. Asimismo era un hombre con adicciones perniciosas, aún queriendo no hubiese sido nada aconsejable confiarle el cuidado de los niños. Llevaba una vida muy detestable. Mucha bebida. Estaba alcoholizado, incluso me atrevería a asegurar que también las drogas le gobernaban la existencia.
Para mis niños en este país todo era nuevo. Habían dejado amigos y escuela en Rumania y ahora se enfrentaban a un nuevo idioma, a sentirse un tanto desplazados entre los nuevos amigos de estudios.
Esto se traducía en raros comportamientos, mucha agresividad hacia Renato, que ya no sabía cómo actuar con ellos. A causa de ello sufríamos más de un altercado familiar.
Comencé a darme cuenta de que me había casado con un hombre, tal vez bueno, pero era como otro niño más.
El estaba acostumbrado a obedecer a los mayores, como siempre recalcaba y no aceptaba que mis hijos le llevasen la contraría.
Al año de llegar los niños Myriam tuvo su primera menstruación y todo comenzó a cambiar. Se hizo mayor... pero junto con amigas de su edad escapaban a la cercana ciudad en lugar de asistir a la escuela. Ella era cada día más alta y bien formada. Nos engañaba. Se largaban en tren, sin billete, y cuando el revisor entraba por un lado del vagón ellas bajaban por otro y se colocaban en el que ya había sido revisado. De todo esto me enteré cuando ocurrió lo que jamás debió ocurrir.
Se enamoró de un hombre mucho mayor que ella. Cuando nos quisimos dar cuenta estaba liadísima. No quería escuchar consejos y hubimos de montar un control especial para vigilar sus pasos.
Se las arreglaba de forma que se nos escapaba y un día desapareció y no vino a dormir.
Tardamos tres días en dar con ella. Estaba en casa de una nueva amiga en la ciudad donde le era más fácil verse a cada momento con aquel novio que para más complicaciones no se dejaba ver por nosotros.
Cuando al fin conseguimos averiguar más datos sobre él supimos que era casado. Y padre de dos hijos.
Hemos conseguido que Myriam vuelva a casa y que continúe con los estudios, aun cuando ha sido a fuerza de serias amenazas de enviarla a Rumania con los abuelos si no cambia su actitud.
Ahora estudia y apenas sale de casa. Me preocupa verla triste y pensativa, mas confío en que esta mala racha pasará con el tiempo y la vida le ofrecerá oportunidades de enamorarse de alguien que merezca su amor, alguien acorde con su edad y su mundo… hoy es sólo una adolescente que sufre, lo sé, que sufre mucho, y aunque quiera, no puedo ayudarla, sólo observarla sin que ella lo note, y sufrir a la vez… con la esperanza de que podamos superar este trance.
Han pasado tres meses y Miryam sigue sin salir de casa... ahora ya sé porqué. De pronto me he dado cuenta de que se esconde mucho y la he visto de perfil. Un intenso sudor ha invadido todo mi organismo... ¡No es posible! Me he dicho a mí misma. Pero inmediatamente la he obligado a orinar, ella lloraba, no quería... y al fin lo he conseguido. Y sí, está embarazada ¡De cinco meses! Para Navidad va a nacer un niño, mi nieto, y ella sólo cuenta catorce años!
¿Cuál va a ser nuestro futuro?
Queridos amigos,
Con los ajetreados días que se avecinan no estoy segura de poder intervenir en mi blog. Quiero desearles para estas fiestas Mucha Felicidad, Mucho Amor, y Mucha Alegría, y para todos: Que sus sueños se hagan realidad.
alejandra777
Muy linda historia
Gracias por tus deseos, igualmente para ti, que tus sueños sean una linda realidad.-
Con cariño
ale777