Esplendida razón, demonio claro
del racimo absoluto, del recto mediodía,
aquí estamos al fin, sin soledad y solos,
lejos del desvarió de la ciudad salvaje.
Cuando la línea pura rodea su paloma
y el fuego condecora la paz con su alimento,
tú y yo erigimos este celeste resultado.
Razón y amor viven en esta casa.
Sueños furiosos, ríos de amarga certidumbre,
decisiones más duras que el sueño de un martillo
cayeron en la doble copa de los amantes.
Hasta que en la balanza se elevaron, gemelos,
la razón y el amor como dos alas.
Así se construyo la transparencia.
Cien sonetos de amor.
