El loboestep

Son muchos los escritores que, según confiesan ellos mismos, consumen sustancias para ayudarse en la inspiración de sus trabajos, y deportistas de elite, hasta que son desenmascarados, por supuesto. Pero a escritores o pintores u otras especialidades es más difícil de controlar y a fin de cuentas a nosotros ¿qué nos importa? Lo que de verdad importa es la obra que nos dejan, si es que en este caso puede decirse que el fin justifica los medios.
Esto puede ser una opinión irresponsable. Quizás lo sea, y aún más teniendo en cuenta que quien tan a la ligera y torpemente escribe, y opina, jamás ha fumado un cigarrillo ni bebido una gota de alcohol, y por supuesto desconoce el color, olor o sabor de las tan perjudiciales, y prohibidas, drogas, duras o blandas.
Sería una torpeza que alguien sin talento, o sin la debida formación, se hiciese una raya de cocaína con el fin de crear un nuevo ingenio artístico, porque de nada le serviría. La otra cara del uso de estas “ayudas químicas” es el trágico final que padecen los que no dejan a tiempo su uso, y, aún así, siempre hay secuelas. Pero bien, aquí se trata de hacer un comentario sobre “El lobo estepario”.
Enigmático y abstracto. No sé como calificarlo. Un hombre que sufre, que se siente solo, pero que él desea estarlo. Un hombre que huye de la sociedad porque la encuentra absurda. Abandona el mundo burgués, pero siente la necesidad de contemplarlo.
Se hace siempre desde la intelectualidad mucha alusión al “rebaño”. Como si ellos, los intelectuales, no formasen parte de él. ¿Qué creen ellos que el rebaño piensa de ellos?. Supongo que un buen intelectual sabe a lo que me refiero... porque los otros, los que imaginan que viven en un súper estadio privilegiado, ésos sólo son ingenuos pedantes. Sí, puede que yo misma esté entre éstos, o, ni siquiera eso. A mí me da lo mismo.
Haller tiene dos personalidades encontradas, como ya he dicho, una de ellas añora el orden, pero su parte lobuna no le dejara caer en ese juego, porque sabe que la vida es un absurdo sinsentido.
Hasta cierto punto es más chocante la reacción de la gente “normal” ante lo que considera extraño, la desconfianza que despierta quien es diferente, y no saben muy bien por qué.
Nuestro protagonista, según el introductor narrador, el sobrino de la patrona, ha llegado a un estado de sabiduría en el que ya es demasiado consciente de la absurdidad de la vida. Una prueba de ello es el respeto que muestra por lo que “normalmente” se considera una pobre mujer: la asistenta.
Él intenta denodadamente volver a la insignificancia del mundo pacífico y simple, aunque sólo sea por una hora, nos dice el narrador introductor, cuyo seguimiento, de tan extraño personaje, es tan exhaustivo que prácticamente vive pendiente de sus gestos.
Haller se contradice continuamente. Vive en las nubes, quizás debido a su terrible soledad, aunque no parezca que el se resienta por ello. Está enfermo y toma mucho alcohol, tal vez más cosas, sobre todo esto se adivina en el desenlace de la obra, que es delirante y abstracta.
No puedo pensar que sea un lobo sólo porque deduce cuánto de absurdo hay en la humanidad, aunque se suele hacer, por parte de quienes creen pensar sabiamente, mucho reproche sobre el autocontentamiento de la gran mayoría de la sociedad; No hay mucha gente tan complacida con la mediocre vida que le toca vivir, lo que hay es resignación e impotencia. Vemos los tumultos de gente que llenan locales de diversión, o las carreteras, sobre todo cuando llegan las vacaciones o los largos puentes festivos, y no comprendes qué busca toda esa humanidad... muchos de ellos no regresarán. Sus vidas quedarán rotas en el camino. ¿Y las playas en verano? Son auténticos hormigueros. Un horror. ¿Eso son vacaciones? Apenas queda espacio para respirar... pero eso no quiere decir que a los que les toca esa suerte, buena o mala, sean fácilmente contentadizos; han trabajado todo el año para merecer un descanso cuyo colofón aún puede ser un terrible accidente en el camino. Camino que por cierto se lleva, por delante, como mínimo, dos días de vacaciones.
Y todo eso porque hoy la clase media tiene acceso a un bienestar en otros tiempos impensable. Sólo una pequeñísima parte de la sociedad tenía acceso a la cultura. Hoy hemos logrado jornadas de trabajo que dejan espacio para el ocio. En nuestra clase social, nuestros antepasados no tenían tiempo para pensar en si su vida era plena o absurda, o mediocre y vacía.
El ser humano cuantas más metas logra, parece ser, más infeliz se siente. Harry tiene su soledad y su talento, sus ideas, y, aún así, necesita el vino para alejar profundos dolores del alma, porque para los dolores físicos ya tiene sus medicamentos, suponiendo que Harry y Haller sean uno mismo.
El introductor encuentra las anotaciones de Harry Haller y Harry Haller recibe del hombre anuncio un folleto que resulta ser: Tractat del lobo estepario.
Parece esta obra, más que una historia definida, un tratado de psicología. Enigmático e inquietante el final es muy abstracto. Hasta cierto punto resulta dramático y divertido a un mismo tiempo. Alucinante. Queda dicho en algún cartel: “No para cualquiera”.
El argumento, si es que lo hay, es una excusa para exponer su idea del sinsentido de la vida. El rebaño, al que alude con frecuencia, y al cual, cómo no, me considero perteneciente, también tiene sus opiniones, tan válidas como las suyas, respeto a tipos de esa “clase”. Me refiero a cómo seres intelectuales, y solitarios, eran juzgados e incomprendidos por las supuestamente “bienpensantes” mayorías, y considerados, casi siempre, desde una inocente simpleza, como “cantamañanas”.
Los que así opinaban no andaban muy errados tampoco: trabajaban de sol a sol, no conocían días libres ni vacaciones: No tenían tiempo de pensar y no sabían lo que era leer más libro que no fuese La Biblia, y eso los que podían leer. ¿De quién era la culpa?
Mucho hay que agradecer desde las humildes clases sociales a estos hombres que nos fueron abriendo los ojos... de momento ya no sigo con este tema. Supongo que me contradigo mucho. Lo sé. Sí, lo sé muy bien. Aunque quizás no lo suficiente.