Hay días que se alejan sin dejar huellas en nuestra existencia o de nuestro paso por ella. Y no es que cada amanecer y mientras abrimos los ojos a la nueva jornada que se nos presenta no nos digamos a nosotros mismos eso que canta Serrat: Hoy puede ser un gran día...
Y no lo es en según qué exijamos a la vida, según qué es un gran día para cada quién, o según dónde hemos puesto las expectativas de éxito y/o felicidad.
Es una pequeña reflexión que se me ocurre en este momento, casi al final del verano. Un verano, hasta ahora atípico: no tan caluroso como era de esperar y con el otoño asomando sus melancólicos atardeceres en el horizonte nublado de los olvidos.