Ante la crisis económica se plantean dilemas típicos. Un amigo en apuros te pide dinero y tú de buen grado se lo prestas... a pesar de que dice el refrán que quien presta dinero pierde el dinero y pierde un amigo. Sí, pero un amigo es un amigo. Lo que venga después ya se verá.
Harina de otro costal es que determinado vecino, joven y guapo, pero ocasionalmente en paro, vaya de puerta en puerta incomodando a vecinos, afectados igualmente por la crisis, y pidiendo dinero prestado. Y tienes que negarte, porque no lo tienes, y te queda la desazón de que puedan necesitar comida... y, bien, ¿qué hacemos con ese coche de súper lujo para el que el susodicho personaje, sospechamos, necesita gasolina y mantenimiento?
Apretarse el cinturón significa prescindir de lujos en todos los sentidos. ¿No puedes mantener un coche? Véndelo. Te libras de un montón de gastos. Es así de sencillo. Tenemos autobuses y trenes donde viajamos los ciudadanos de a pie. Y con mucha dignidad.
Ya vendrán mejores tiempos.
