Opinar sobre los métodos educativos es meterse en un jardín, o laberinto, del que resulta muy difícil encontrar soluciones en las que tod@s puedan mostrarse satisfechos.

 

Si se abofetea un niño, a  nuestro hijo por supuesto, hay quien opina que es una cobardía ya que el niño está en inferioridad de fuerza. Es cierto. Pero sabemos que en demasiadas ocasiones la paciencia, ese don que hoy es tan escaso en familias cargadas de problemas, de trabajo e hipotecas, llega al límite, y lo que podía haber sido una palmadita de nada, apenas una caricia, a sangre fría, para llamar a un orden o disciplina necesaria, se convierte en un tortazo enrabietado, y dado así,  por desgracia,  da en un mal punto. Ése parece ser el drama de la madre sordomuda, que no tiene ya suficientes adversidades en su vida que ahora va y las Leyes resuelven que ha de ser encarcelada. ¿Y su hijo?

¿Lo van a cuidar los Servicios Sociales en ausencia de la madre?

Esperemos que así sea,  ya que de ese modo quizás eviten que dentro de muy poco tiempo tengan un asiduo inquilino de cárcel.

 

Hay un viejo refrán que dice: EL QUE NACE DESGRACIAO CON LOS CO.... S’ANTROPIEZA.